Ya se veía venir. La brutal caída del Índice Global de la Actividad Económica (IGAE) durante el mes de enero en -9.5%, así como la caída de las ventas al mayoreo y al menudeo eran signos premonitorios de una eventual caída de la recaudación tributaria de la Hacienda Pública Federal. La recaudación de impuestos no petroleros cayó 9% en los primeros dos meses del año; ninguno de los grandes gravámenes se salvó, el IVA cayó 22%, y el impuesto a las importaciones se contrajo 22%.
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.Adicionalmente, como hemos reportado en éste espacio, los ingresos gubernamentales provenientes por concepto de venta de petróleo también han sufrido una contracción resultado de una baja de 56% en el precio de la mezcla mexicana de crudo lo cual ha representado una caída de 21.4% en los ingresos. No en balde, en la Conferencia Nacional de Gobernadores, Fernando Gómez Mont hizo el anuncio de entrega de sólamente 11 mil millones de pesos y no de los 22 mil millones provenientes del impuesto extraordinario a hidrocarburos que dispone el gobierno federal. Hasta donde vamos, se abre un espacio para la incertidumbre y la inestabilidad de las finanzas públicas estatales nayaritas. Afortunadamente el IETU se ha incrementado en un 28.7% y la depreciación cambiaria juega a favor parcialmente de la venta de hidrocarburos, pues como se sabe, el nivel de ventas de petróleo durante enero y febrero cayó en un 55% y de haberse sostenido una paridad cambiaria más fuerte, la venta del oro negro hubiera sido todavía mucho menor.
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No es de extrañar que en el contexto aquí expuesto la prensa nacional y mundial haya dado a conocer la solicitud del gobierno de Felipe Calderón de abrir una línea de crédito con el Fondo Monetario Internacional hasta por 40 mil millones de dólares, solicitud que ha sido bien vista por el economista en jefe de la OCDE, Klaus Schmidt-Hebbel.
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