Con el cambio de poderes del pasado mes de septiembre, la casi totalidad de quienes asumieron las presidencias municipales han denunciado que encontraron las arcas vacías, sin dinero, incluyendo a las autoridades estatales. La bancarrota de las finanzas municipales es la viva imagen de la expresión ampliada del extraordinario "relajamiento de las finanzas públicas" que caracterizó la conducción de la Hacienda Estatal durante la mayor parte de la pasada administración 2005-2011. No ocurrió así hace 3 años con el cambio en las presidencias municipales; uno revisa los diarios de la época y excepto las preocupaciones de fin de año para el pago de aguinaldos no hay evidencia que hable del desastre financiero de las haciendas municipales en 2008 como ha ocurrido en 2011.
Es claro que hubo incentivos políticos y jurídicos para actuar así, el clima de impunidad existente, así como el marco jurídico y administrativo actual que reglamenta la conducta pública de los administradores no logró inhibir la irresponsabilidad en el uso de los recursos públicos de los nayaritas. No hay duda de que aquí hay materia para legislar.
Dice la sabiduría popular que una imagen dice más que mil palabras. Mire usted la que nos regaló ayer, jueves 24 de noviembre, en su visita a Compostela el nuevo Gobernador Constitucional del Estado de Nayarit, Roberto Sandoval Castañeda: "A Pablo le dejaron las arcas vacías en el ayuntamiento, y yo ando buscando las arcas". Para hacer alusión al hecho de que a Pablo por lo menos le habían dejado las arcas, en el caso del gobierno del estado ni las arcas dejaron. Saqueo total.
La coloquial expresión utilizada por Roberto Sandoval ilustra de cuerpo entero la ineficacia e irresponsabilidad financiera en que incurrieron la mayoría de ayuntamientos al final de su gestión así como a nivel estatal en el periodo anterior. Aquí hay trabajo para la legislatura local: garantizar que las administraciones municipales y la estatal hagan un uso racional de los recursos públicos y que garanticen la existencia de recursos para el tercer cuatrimestre del año en que ocurre el cambio de administración, por mandato de ley, ni más ni menos. Esto nos permitiría garantizar la existencia de recursos financieros que posibiliten el cumplimiento de las obligaciones laborales y de calidad de los servicios que demanda una creciente y exigente ciudadanía de sus ayuntamiento.
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