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viernes, 20 de febrero de 2009

LA CARTA DE DENISE DRESSER A CARLOS SLIM

¿Lo que es bueno para Slim es bueno para México?

Slim aplaude la competencia siempre y cuando no se promueva en su sector

Estimado ingeniero Carlos Slim:

Le escribo este texto como ciudadana. Como consumidora. Como mexicana preocupada por el destino de mi país y por el papel que usted juega en su presente y en su futuro.

He leído con detenimiento las palabras que pronunció en el Foro “Qué Hacer Para Crecer” y he reflexionado sobre sus implicaciones. Su postura en torno a diversos temas me recordó aquella famosa frase atribuida al presidente de la compañía automotriz General Motors, quien dijo: “lo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidos”.

Y creo que usted piensa algo similar: Lo que es bueno para Carlos Slim, para Telmex, para Telcel, para el Grupo Carso es bueno para México. Pero no es así.
Usted se percibe como solución cuando se ha vuelto parte del problema; usted se percibe como estadista con la capacidad de diagnosticar los males del país cuando ha contribuido a producirlos; usted se ve como salvador indispensable cuando se ha convertido en bloqueador criticable.

De allí las contradicciones, las lagunas y las distorsiones que plagaron su discurso y menciono las más notables.

- Usted dice que es necesario pasar de una sociedad urbana e industrial a una sociedad terciaria, de servicios, tecnológica, de conocimiento. Es cierto. Pero en México ese tránsito se vuelve difícil en la medida en la cual los costos de telecomunicaciones son tan altos, la telefonía es tan cara, la penetración de Internet de banda ancha es tan baja.
Eso es el resultado del predominio que usted y sus empresas tienen en el mercado. En pocas palabras, en el discurso propone algo que en la práctica se dedica a obstaculizar.
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- Usted subraya el imperativo de fomentar la productividad y la competencia, pero a lo largo de los años se ha amparado en los tribunales ante esfuerzos regulatorios que buscan precisamente eso.
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- Aplaude la competencia, pero siempre y cuando no se promueva en su sector.
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- Usted dice que no hay que preocuparse por el crecimiento del Producto Interno Bruto; que lo más importante es cuidar el empleo que personas como usted proveen.
Pero es precisamente la falta de crecimiento económico lo que explica la baja generación de empleos en México desde hace años. Y la falta de crecimiento está directamente vinculada con la persistencia de prácticas anticompetitivas que personas como usted justifican.
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- Usted manda el mensaje de que la inversión extranjera debe ser vista con temor, con ambivalencia. Dice que “las empresas modernas son los viejos ejércitos. Los ejércitos conquistaban territorios y cobraban tributos”. Dice que ojalá no entremos a una etapa de “Sell México” a los inversionistas extranjeros y cabildea para que no se permita la inversión extranjera en telefonía fija.
Pero al mismo tiempo, usted como inversionista extranjero en Estados Unidos acaba de invertir millones de dólares en The New York Times, en las tiendas Saks, en Citigroup.
Desde su perspectiva incongruente, la inversión extranjera se vale y debe ser aplaudida cuando usted la encabeza en otro país, pero debe ser rechazada en México.
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- Usted reitera que “necesitamos ser competitivos en esta sociedad del conocimiento y necesitamos competencia; estoy de acuerdo con la competencia”. Pero al mismo tiempo, en días recientes ha manifestado su abierta oposición a un esfuerzo por fomentarla, descalificando, por ejemplo, el Plan de Interconexión que busca una cancha más pareja de juego.
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- Usted dice que es indispensable impulsar a las pequeñas y medianas empresas, pero a la vez su empresa – Telmex — las somete a costos de telecomunicaciones que retrasan su crecimiento y expansión.
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- Usted dice que la clase media se ha achicado, que “la gente no tiene ingreso”, que debe haber una mejor distribución del ingreso. El diagnóstico es correcto, pero sorprende la falta de entendimiento sobre cómo usted mismo contribuye a esa situación.
El presidente de la Comisión Federal de Competencia lo explica con gran claridad: los consumidores gastan 40 por ciento más de lo que deberían por la falta de competencia en sectores como las telecomunicaciones.
Y el precio más alto lo pagan los pobres.
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- Usted sugiere que las razones principales del rezago de México residen en el Gobierno: la ineficiencia de la burocracia gubernamental, la corrupción, la infraestructura inadecuada, la falta de acceso al financiamiento, el crimen, los monopolios públicos.
Sin duda todo ello contribuye a la falta de competitividad. Pero los monopolios privados como el suyo también lo hacen.
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- Usted habla de la necesidad de “revisar un modelo económico impuesto como dogma ideológico” que ha producido crecimiento mediocre. Pero precisamente ese modelo – de insuficiencia regulatoria y colusión gubernamental — es el que le ha permitido a personas como usted acumular la fortuna que tiene hoy, valuada en 59 mil millones de dólares.
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Desde su punto de vista el modelo está mal, pero no hay que cambiarlo en cuanto a su forma particular de acumular riqueza.
La revisión puntual de sus palabras y de su actuación durante más de una década revela entonces un serio problema: hay una brecha entre la percepción que usted tiene de sí mismo y el impacto nocivo de su actuación; hay una contradicción entre lo que propone y cómo actúa; padece una miopía que lo lleva a ver la paja en el ojo ajeno e ignorar la viga en el propio.
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Usted se ve como un gran hombre con grandes ideas que merecen ser escuchadas. Pero ése día ante los diputados, ante los senadores, ante la opinión pública usted no habló de las grandes inversiones que iba a hacer, de los fantásticos proyectos de infraestructura que iba a promover, del empleo que iba a crear, del compromiso social ante la crisis con el cual se iba a comprometer, de las características del nuevo modelo económico que prometería apoyar.
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En lugar de ello nos amenazó. Nos dijo –palabras más, palabras menos– que la situación económica se pondría peor y que ante ello nadie debía tocarlo, regularlo, cuestionarlo, obligarlo a competir.
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Y como al día siguiente el Gobierno publicó el Plan de Interconexión telefónica que buscaría hacerlo, usted en respuesta anunció que Telmex recortaría sus planes de inversión. Se mostró de cuerpo entero como alguien dispuesto a hacerle daño a México si no consigue lo que quiere, cuando quiere. Tuvo la oportunidad de crecer y en lugar de ello se encogió.
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Sin duda usted tiene derecho a promover sus intereses, pero el problema es que lo hace a costa del país. Tiene derecho a expresar sus ideas, pero dado su comportamiento, es difícil verlo como un actor altruista y desinteresado, que sólo busca el desarrollo de México.
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Usted sin duda posee un talento singular y loable: sabe cuándo, cómo y dónde invertir. Pero también despliega otra característica menos atractiva: sabe cuándo, cómo y dónde presionar y chantajear a los legisladores, a los reguladores, a los medios, a los jueces, a los periodistas, a la inteligencia de izquierda, a los que se dejan guiar por un nacionalismo mal entendido y por ello aceptan la expoliación de un mexicano porque –por lo menos– no es extranjero.
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Probablemente usted va a descalificar esta carta de mil maneras, como descalifica las críticas de otros. Dirá que soy de las que envidian su fortuna, o tiene algún problema personal, o es una resentida.
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Pero no es así. Escribo con la molestia compartida por millones de mexicanos cansados de las cuentas exorbitantes que pagan; cansados de los contratos leoninos que firman; cansada de las rentas que transfieren; cansados de las empresas rapaces que padecen; cansada de los funcionarios que de vez en cuando critican a los monopolios pero hacen poco para desmantelarlos.
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Escribo con tristeza, con frustración, con la desilusión que produce presenciar la conducta de alguien que podría ser mejor. Que podría dedicarse a innovar en vez de bloquear.
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Que podría competir exitosamente pero prefiere ampararse constantemente. Que podría darle mucho de vuelta al país pero opta por seguirlo ordeñando. Que podría convertirse en el filántropo más influyente pero insiste en ser el plutócrata más insensible.
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John F. Kennedy decía que las grandes crisis producen grandes hombres. Lástima que en este momento crítico para México, usted se empeña en demostrarnos que no aspira a serlo.
DENISE DRESSER

domingo, 15 de febrero de 2009

EL DISCURSO DE DENISE en el Foro del Senado de la República



Denise Dresser: politóloga, mujer, valiente, comprometida...


¿Porqué México no crece?


"Porque el modelo económico mexicano no tiene la mezcla correcta de Estado y mercado, regulación e innovación; es un ejemplo de lo que el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, llama crony capitalism: capitalismo de cuates, capitalismo de cómplices, que funciona con base en la discrecionalidad y la colusión, no con base en las reglas claras o la transparencia."


"Porque el Estado protege privilegios, defiende cotos, elige ganadores y permite la perpetuación de un pequeño grupo de oligarcas con el poder para vetar reformas que perjudicarían sus intereses:"


"Porque esas prácticas nocivas han construido un andamiaje de privilegios y monopolios y duopolios y nudos sindicales que, a su vez, producen cuellos de botella en sectores clave para el desarrollo de cualquier país: telecomunicaciones, servicios financieros, transporte, energía, entre otros."

"Porque entonces no queda claro quién gobierna. ¿El Senado de la República o Ricardo Salinas Pliego cuando logra controlar los vericuetos del proceso legislativo, como lo hizo en el caso de los corresponsales bancarios? ¿La Comisión Nacional Bancaria o los bancos que se rehúsan a cumplir con las obligaciones de transparencia que la ley les exige? ¿La Comisión Federal de Competencia o Carlos Slim? ¿La Secretaría de Educación Pública o Elba Esther Gordillo? ¿Pemex o Carlos Romero Deschamps?"


(Fragmento)


Conocí a Denise Dresser en la Cd. de México en 1993, en las sesiones de trabajo del Taller de Periodismo que la politológa recién egresada de Princeton coordinaba en la instalaciones del ITAM allá en Rio Hondo. La recuerdo como una mujer muy profesional, dedicada, sencilla y muy comprometida con lo que estaba haciendo: formar librepensadores que pudieran expresarse con corrección mediante la palabra impresa. De esa época datan mis primeras colaboraciones para los periódicos de circulación nacional El Economista y La Jornada.


Un año después, en 1994 para ser exactos (a fines del Salinismo), Denise Dresser cobraría notoriedad muy amplia por el ejercicio de evaluación titulado "Pronasol y política: combate a la pobreza como fórmula de gobernabilidad" publicado en "La pobreza en México, causas y políticas para combatirla" coordinador por Félix Vélez para el Fondo de Cultura Económica. Dicho ensayo es un poderoso ejercicio de reflexión académica, un ejemplo de independencia intelectual frente al Gobierno y una intransigente crítica sin concesiones al Programa Social más importante del México de Carlos Salinas de Gortari. En dicho ensayo Dresser sostiene que "el PRONASOL es un programa populista que responde a la lógica política de incorporar a los grupos en pobreza extrema, emergentes o insatisfechos como bastiones de apoyo electoral al Partido Revolucionario Institucional en un contexto de mayor competitividad política."


Agrega nuestra escritora: "la principal crítica al PRONASOL, no es su uso como instrumento para solidificar la empuñadura del PRI. La mayoría de las democracias llevan a cabo programas sociales a cambio de apoyo político. El PRONASOL, incluso merece ser acreditado como una manera no represiva de introducir a los menos privilegiados al nuevo sistema económico. Lo que está particularmente mal con el PRONASOL, es que construye sobre, y refuerza, algunos de los defectos básicos del sistema político del país. El PRONASOL se conduce directamente desde el bolsillo presidencial, sus beneficiarios son seleccionados con criterios políticos personalistas y partidistas, y más fundamentalmente, es inmune a cualquier medio democrático de control o responsabilidad. Como resultado, el PRONASOL puede reforzar instituciones y prácticas -como el presidencialismo y la competencia desigual entre partidos- que constituyen los principales obstáculos al cambio político en México."


Más recientemente Denise cobró creciente visibilidad a partir de su participación en la mesa de los periodistas con Víctor Trujillo en TELEVISA, como columnista en el periódico Reforma y en Proceso. Sus agudos dardos dirigidos por igual a Roberto Madrazo, Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador constituyeron, en la coyuntura de la elección presidencial de 2006, un sentido homenaje al cultivo de la racionalidad política y de la inteligencia. Fue vetada para participar en el Foro del Congreso para la Reforma Energética y es hoy por hoy la crítica más aguda y claridosa de la estructura económica monopólica y oligopólica que enferma la vida económica de nuestro país. Su valiente denuncia de los intereses establecidos en torno a TELEVISA y a TV-AZTECA, los dos monopolios de la televisión abierta mexicana, la han vuelto indeseable para Azcárraga y Salinas Pliego quienes han vetado a esta valiente intelectual mexicana de sus pantallas de televisión. De igual manera, sus acertadas críticas para el hombre más rico de México y según Forbes el segundo más rico del mundo, Carlos Slim, el propietario de TELMEX la han llevado a gozar de una gran simpatia en amplios segmentos de la población ilustrada. Denise hace votos por un capitalismo democrático y competitivo. Por un capitalismo con reglas que se cumplan para todos los actores políticos y económicos del país. Por un capitalismo civilizado ni más ni menos. Actualmente se le puede escuchar en el noticiero de esa otra gran mujer que es Carmén Ariztegui en MVS de lunes a viernes de 6:00 a 10:00 hrs. de la mañana.

Reporte Índigo subtituló su reportaje sobre Denise como "el discurso que casi todos quisieran decir". También se ha dicho que las palabras de Dresser reflejan "los nuevos sentimientos de la nación." Ninguna de estas expresiones representa exageración alguna. Podemos señalar de entrada que el Foro del Senado de la República está convertido en un auténtico Foro Libertario de Expresión y que se están discutiendo con profundidad política algunos pocos de los intereses y de los actores de la vida de nuestro país. Algo es algo dijo el filósofo de Güemez.

Véase: http://experiencia.indigobrainmedia.com/web/reporte/edicion116/#1/1