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lunes, 4 de febrero de 2013

Paul Krugman: "Es hora de olvidarnos de la obsesión por el déficit presupuestal"


  • Es hora de olvidarnos de la obsesión por el déficit y volver a afrontar el verdadero problema, es decir, el de un paro inaceptablemente elevado.

Paul Krugman (El País)

Hace tres años, a la política económica le sucedió algo terrible, tanto en Estados Unidos como en Europa. Aunque lo peor de la crisis financiera había pasado, la economía en ambos lados del Atlántico seguía deprimida y con un paro muy elevado. Pero la élite política del mundo occidental decidió en bloque por algún motivo que el paro ya no era un problema crucial y que reducir los déficits presupuestarios debía ser la prioridad absoluta.
En varias columnas recientes he sostenido que, de hecho, la preocupación por el déficit se ha exagerado y he documentado los intentos cada vez más desesperados de los cascarrabias del déficit por mantener vivo el miedo. Hoy, sin embargo, me gustaría hablar de una clase de desesperación diferente pero relacionada: los frenéticos esfuerzos por encontrar algún ejemplo, en algún lugar, de políticas de austeridad que hayan tenido éxito. Porque los defensores de la austeridad fiscal —los austerianos—, además de amenazarnos, han hecho promesas: la austeridad, afirmaban, evitaría la crisis y conduciría a la prosperidad.
Y que nadie acuse a los austerianos de carecer de romanticismo; de hecho, llevan años buscando al señor Buendolor.
La búsqueda empezó con un apasionado romance entre los austerianos y la República de Irlanda, que recurrió a los recortes drásticos del gasto poco después de que su burbuja inmobiliaria estallase, y que durante algún tiempo se puso como ejemplo perfecto de virtud económica. Irlanda, aseguraba Jean-Claude Trichet, del Banco Central Europeo, era el modelo para todos los países endeudados de Europa. Los conservadores estadounidenses fueron aún más lejos. Por ejemplo, Alan Reynolds, miembro del Instituto Cato, decía que las políticas de Irlanda mostraban el camino que también debía seguir Estados Unidos.
Los elogios de Trichet se produjeron en marzo de 2010; en aquel momento, Irlanda tenía una tasa de paro del 13,3%. Desde entonces, cada pequeño repunte de la economía irlandesa ha sido acogido como una prueba de que el país se está recuperando (pero el mes pasado, el índice de desempleo era del 14,6%, tan solo un poco por debajo del máximo que alcanzó a principios del año pasado).´
Después de Irlanda le tocó a Reino Unido, donde el Gobierno del partido conservador —al son de las alabanzas de muchos expertos— recurrió a la austeridad a mediados de 2010, influido en parte por la creencia de que las políticas irlandesas eran un éxito descomunal. A diferencia de Irlanda, Reino Unido no tenía necesidad de adoptar medidas de austeridad: como cualquier otro país avanzado que emite deuda en su propia moneda, era y sigue siendo capaz de conseguir préstamos a unos tipos de interés más bajos que nunca. No obstante, el Gobierno del primer ministro David Cameron insistió en que se necesitaba una restricción fiscal estricta para apaciguar a los acreedores y que esta impulsaría la economía al inspirar confianza.
Lo que realmente se produjo fue un estancamiento económico. Antes de su giro hacia la austeridad, Reino Unido se estaba recuperando más o menos al mismo ritmo que EE UU. Desde entonces, la economía de EE UU ha seguido creciendo, aunque más despacio de lo que nos gustaría; pero la economía británica ha estado encallada
A estas alturas, era de esperar que los defensores de la austeridad se hubiesen planteado la posibilidad de que algo falle en sus análisis y recomendaciones políticas. Pero no. Han seguido buscando nuevos héroes y los han encontrado en los pequeños países bálticos, en Letonia en concreto, un país que domina de manera asombrosa la imaginación austeriana.
Bien mirado, esto tiene cierta gracia: las políticas de austeridad se han aplicado en toda Europa, pero el mejor ejemplo de éxito que los austerianos son capaces de encontrar es un país con menos habitantes que, por ejemplo, Brooklyn. Aun así, el FMI ha publicado hace poco dos informes sobre la economía letona, y realmente ayudan a poner en perspectiva esta historia.
Para ser justos con los letones, tienen algo de lo que enorgullecerse. Después de pasar por una recesión tan grave como la Gran Depresión, su economía ha conocido dos años de crecimiento estable y disminución del paro. Sin embargo, a pesar de ese crecimiento, solo han recuperado una parte del terreno perdido tanto en relación con la producción como con el empleo (y la tasa de paro sigue siendo del 14%). Si esta es la idea que tienen los austerianos de un milagro económico, verdaderamente son hijos de un dios menor.
Ah, y si vamos a invocar la experiencia de los países pequeños como prueba de qué políticas económicas funcionan, no olvidemos el verdadero milagro económico que es Islandia, que estuvo en el ojo del huracán de la crisis financiera pero que, gracias a haber adoptado políticas no ortodoxas, se ha recuperado casi por completo.
¿Y qué lección sacamos de la búsqueda un tanto patética de ejemplos de éxito de la austeridad? La lección es que la doctrina que ha dominado el discurso económico de la élite es errónea desde todos los puntos de vista. No solo hemos estado gobernados por el miedo a unas amenazas inexistentes, sino que nos han prometido recompensas que no se han materializado y nunca lo harán. Es hora de olvidarnos de la obsesión por el déficit y volver a afrontar el verdadero problema, es decir, el de un paro inaceptablemente elevado.

domingo, 28 de octubre de 2012

Entrevista a Paul Krugman en "El País" . El premio nobel de Economía desmiente que tenga en su casa algún altarcillo dedicado a Keynes.

martes, 8 de noviembre de 2011

El viaje mortal de la eurozona

Paul Krugman (El País)


Es posible estar aterrorizado y aburrido al mismo tiempo? Así es como me siento respecto a las negociaciones que están teniendo lugar ahora sobre la forma de responder a la crisis económica de Europa, y sospecho que otros observadores comparten este sentimiento.

Por una parte, la situación de Europa es realmente, realmente, alarmante: con países que representan un tercio de la economía de la zona euro sometidos ahora a un ataque especulativo, la existencia misma de la moneda única se ve amenazada; y un fracaso del euro podría causar un daño enorme al mundo.

Por otro lado, los responsables políticos europeos parecen dispuestos a ofrecer más de lo mismo. Probablemente encontrarán un modo de proporcionar más crédito a los países en apuros, que puede que escapen al desastre inminente, o no. Pero no parecen nada dispuestos a admitir un hecho crucial; concretamente, que sin políticas fiscales y monetarias más expansivas en las economías más fuertes de Europa, todos sus intentos de rescate fracasarán.

Esta es la historia hasta la fecha: la introducción del euro en 1999 provocó un enorme incremento de los préstamos a las economías periféricas de Europa, porque los inversores creían (erróneamente) que la moneda compartida hacía que la deuda griega o española fuese igual de segura que la alemana. Contrariamente a lo que se suele oír, este incremento de los préstamos no sirvió en su mayoría para financiar los derroches en el gasto gubernamental; de hecho, España e Irlanda registraban superávits presupuestarios justo antes de la crisis y tenían un grado de endeudamiento bajo. En vez de eso, las entradas de dinero sirvieron principalmente para alimentar un crecimiento enorme del gasto privado, especialmente en vivienda.

Pero cuando el boom de los préstamos terminó de golpe, la consecuencia fue una crisis económica y fiscal. Las recesiones salvajes provocaron un descenso de la recaudación fiscal, lo que esquiló los presupuestos, llevándolos a números rojos; mientras tanto, el coste de los rescates bancarios condujo a un aumento repentino de la deuda pública. Y una de las consecuencias fue el derrumbamiento de la confianza de los inversores en los bonos de los países periféricos.

¿Y ahora, qué? La respuesta de Europa ha sido exigir una estricta austeridad fiscal, especialmente unos recortes drásticos en el gasto público, por parte de unos deudores con problemas, ofreciendo, por otro lado, una financiación provisional hasta que se recupere la confianza de los inversores privados. ¿Puede funcionar esta estrategia?

No para Grecia, que realmente cometió derroches fiscales durante los años de vacas gordas y debe más de lo que es factible que pueda devolver. Probablemente no para Irlanda y Portugal, que por motivos diferentes tienen también unas pesadas cargas de deuda. Pero con un entorno externo favorable -concretamente, una economía europea en general fuerte, con una inflación moderada- es posible que España, que incluso ahora tiene una deuda relativamente baja, e Italia, que tiene un alto nivel de deuda, pero unos déficits sorprendentemente bajos, puedan salir adelante.

Desgraciadamente, los responsables políticos europeos parecen decididos a negar a esos deudores el entorno que necesitan.

Mírenlo de esta forma: la demanda privada en los países deudores se ha desplomado con el final del boom financiado por la deuda. Mientras tanto, el gasto del sector público también se está reduciendo drásticamente a causa de los programas de austeridad. Así que, ¿de dónde se supone que van a llegar el empleo y el crecimiento? La respuesta tiene que estar en las exportaciones, principalmente a otros países europeos.

Pero las exportaciones no pueden crecer mucho si los países acreedores también ponen en práctica políticas de austeridad, lo cual es bastante posible que lleve a Europa en su conjunto a una nueva recesión.

Además, los países deudores tienen que rebajar los precios y los costes respecto a los países acreedores como Alemania, lo cual no sería demasiado difícil si Alemania tuviese una inflación del 3% o del 4%, lo que permitiría a los deudores ganar terreno simplemente teniendo una inflación baja o nula. Pero el Banco Central Europeo tiene un sesgo deflacionista; cometió un terrible error subiendo los tipos de interés en 2008 justo cuando la crisis financiera cobraba fuerza y ha demostrado que no ha aprendido nada al repetir ese error este año.

En consecuencia, el mercado prevé ahora una inflación muy baja en Alemania -alrededor del 1% durante los próximos cinco años-, lo que conlleva una deflación considerable en los países deudores. Esto agravará sus crisis y aumentará la carga real de sus deudas, prácticamente garantizando el fracaso de todos los esfuerzos de rescate.

Y no veo el más mínimo indicio de que las élites políticas europeas estén dispuestas a replantearse su dogma de la moneda fuerte y la austeridad.

Puede que una parte del problema sea que esas élites políticas tienen una memoria histórica selectiva. Les encanta hablar de la inflación alemana de principios de los años veinte (una historia que resulta que no tiene nada que ver con nuestra situación actual). Pero casi nunca hablan de un ejemplo mucho más pertinente: las políticas de Heinrich Bruening, el canciller de Alemania entre 1930 y 1932, cuya insistencia en equilibrar los presupuestos y mantener el patrón oro hizo que la Gran Depresión fuese aún peor en Alemania que en el resto de Europa (y sentó las bases de lo que ustedes ya saben).

Bueno, yo no espero que algo tan terrible ocurra en la Europa del siglo XXI. Pero hay una distancia muy grande entre lo que el euro necesita para sobrevivir y lo que los dirigentes europeos están dispuestos a hacer o, incluso, a considerar. Y dada esa distancia, es difícil encontrar motivos para el optimismo.

Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y fue premio Nobel en 2008. © 2011 The New York Times News Service. Traducción de News Clips

lunes, 17 de octubre de 2011

La Fundación Nobel Miente: Paul Krugman

Cada día son más los economistas que están en desacuerdo con la ligereza con que la fundación nobel encasilló a Sargent y a Sims en el momento de anunciar el premio nobel 2011. Non Keynesians (No Keynesianos) les llamó.

Me parece que el calificativo le acomoda mejor a Sargent pero que a Sims le aprieta. Sobre esto en particular, Krugman nos comparte una interesantísima entrevista que le hacen a Sargent y a Sims.

Sargent niega ser un hombre sabio y se define cuando mucho como "un tipo libresco". Sims por su parte expresa simpatía por la política económica activista y por las medidas económicas instrumentadas por la administración de Barack Obama.

Aquí algunos fragmentos tomados del blog de Krugman:

"Professor Sims doesn’t want to be pigeonholed. “I’m not ‘non-Keynesian,’ ” he said, adding that he has been an active “promoter of new Keynesian macroeconomic models,” because they “are the place in our profession where theory and data and policy decision-making are coming together.”

“It doesn’t really make much sense to stand on the sidelines and take potshots at them,” he said. “If you don’t like the way they’re working, you should try to do better.”

He and Professor Sargent have been “trying to do empirical macroeconomics using formal tools of statistics,” he said. “Those tools aren’t in themselves ideological.”

Professor Sims spoke favorably of the Obama administration’s fiscal stimulus programs, which are Keynesian in their countercyclical spending. “An expansionary fiscal policy is probably what we need right now,” he said.


También se puede consultar este otro post que publicó Matias Vernengo titulado "Sims no es Sargent" donde nos comparte un texto clásico de Sims que data de 1980 titulado "Macroeconomía y Realidad": Sims is not Sargent


Igual podemos ver en el blog del Instituto Levy del Colegio Bard: More on the nobel prize and its imposible meanings y este otro del mismo instituto This morning announcemment and our institute


Acá el enlace al blog de Mark Thomas con el ánimo de conocer más a Sims: Christopher Sims and Tests for Causality


NOTA POST-ESCRITO: He buscado con detenimiento el fundamento de la acusación de Krugman en el sentido de que la Fundación Nobel miente al etiquetar, particularmente a Sims cono No Keynesiano. No lo he encontrado. Lo que sí encontré fue el trabajo de David R. Henderson del Wall Street Journal donde afirma al referirse al anuncio de la fundación nobel:

"But what they failed to mention is that their work (refered to Sargent and Sims) has also offered empirical evidence that the school of thought known as Keynesian economics—which believes that government can turn a flagging economy around with the right combination of fiscal "stimulus" (generally government spending) and monetary policy—is fallible."

Me parece que este es el origen de la confusión. Han sido algunos medios quienes han errado al tratar de encasillar el trabajo intelectual de los galardonados. Creo también que Krugman se equivoca al acusar a la fundación nobel de mentirosa...a no ser que haga la tarea de demostrar que el trabajo de Sargent y Sims no son convergentes en el sentido que lo ha propuesto el Comité que otorga el premio nobel de economía.

lunes, 8 de agosto de 2011

Paul Krugman acusa de desfachatez a Standard & Poor´s

Paul Krugman ha escrito este domingo en el New York Times un artículo titulado "Credibilidad, desfachatez y Deuda" para cuestionar de nuevo las calificaciones y las recomendaciones de Standard & Poor´s y en general del oligopolio formado por las calificadoras Moody´s y Fitch ratings.

En su artículo Paul Krugman nos recuerda un par de estupideces mayúsculas protagonizadas por Standard & Poor´s y sus hermanas las calificadoras de bonos: "1) Standard & Poor´s junto con Moodie´s y Fitch ratings, jugaron un papel fundamental como responsables de la crisis económica de 2008 al otorgar la calificación de AAA a los activos de respaldo hipotecario (mortgage-backed) que desde entonces se convirtieron en desperdicios toxicos. 2) El mal juicio de Standard & Poor´s no termina aquí. Notablemente, S&P dió a Lehman Brothers, cuyo colapso provocó pánico global, una calificación de A adecuadamente al alza justo en el mismo mes de su quiebra."

En seguida lanza la siguiente pregunta: "¿Son estas las mismas personas que ahora se están pronunciando sobre la calidad crediticia de los Estados Unidos?"

Enseguida nos recuerda la pifia cometida por Standard & Poor´s en relación con la diferencia de los 2 billones de más proyectados por esta empresa calificadora en relación a la deuda estadounidense. Nos dice Krugman: "el error cometido por S&P es el tipo de error que cualquier experto en presupuesto gubernamental hubiera obtenido en forma correcta. Después de la discusión con la Reserva Federal, Standard & Poor´s concedió que se había equivocado, pero de todos modos degradó la calificación de Estados Unidos, después de remover una parte de su reporte de análisis económico."

Un artículo que vale la pena leer.

miércoles, 18 de mayo de 2011

La imprudencia de las Élites Gobernantes o la importancia de realizar un buen diagnóstico

Juan José Mendoza Alvarado

Paul Krugman, premio nobel de economía 2008, economista de orientación neokeynesiana desnuda este lunes en "El País" las falacias de la retórica dominante en Washington que pretende achacar la responsabilidad de la crisis económica mundial de 2009 al apetito voraz de los ciudadanos que demandaban altas utilidades a cambio de nada en un artículo titulado "La imprudencia de las Élites". (El País, 15 de mayo, 2011) Para Krugman, este punto de vista "que culpa a la ciudadanía no solo es interesado sino erróneo." Denuncia que los mismos que metieron a la economía estadounidense y al mundo en el follón que ahora vivimos (los últimos tres años han sido un desastre para la mayoría de las economías occidentales, Estados Unidos registra un desempleo masivo de larga duración por primera vez desde los años treinta) pretenden convertirse en halcones de la jerigonza que previene sobre los efectos del déficit presupuestal sobre la economía.

La lectura del artículo es útil porque evidencia la discrepancia de prioridades para dos de las más influyentes escuelas del pensamiento económico dominante en las economías desarrolladas: Neoclásicos y Neokeynesianos; los primeros centrados en los efectos de las fuentes de financiamiento del déficit fiscal sobre la economía y los segundos centrados en la reactivación de la demanda y la creación de empleo.

Para Krugman son tres las causas del actual déficit público norteamericano: "la primera fue la bajada de impuestos de George Bush que se tradujo en 2 billones de dólares más para el déficit fiscal durante la década pasada; la segunda, las guerras de Irak y Afganistán que sumaron 1.1 billones de dólares más al déficit y tercera la gran recesión que provocó un desplome de los ingresos y un repunte del gasto en prestaciones por desempleo y otros programas de seguridad social". Enseguida señala directamente a Alan Greenspan y George Bush como los responsables del grupo de poder con enorme influencia en Washington y Wall Street que comandaron el proceso de liberalización irresponsable del sector financiero estadounidense, decidieron el recorte de impuestos y la guerra contra Irak y Afganistán.

Concluyente, Paul Krugman afirma: "fueron los desaciertos de la élite, y no la avaricia de la gente de a pie, los que causaron el déficit de los EE UU. Y en líneas generales lo mismo podría decirse de la crisis europea".

¿Cuál es la importancia o posible trascendencia de todo esto? Según Krugman, una posible repuesta se ubica en el campo que permite deslindar la responsabilidad misma. Que no vengan los responsables del desastre presupuestal a advertirnos ahora de la irresponsabilidad con que actuaron en el pasado inmediato; y, sin lugar a dudas, la que a mí me parece fundamental: "al inventar historias sobre nuestras dificultades actuales que absuelven a quienes nos han puesto en esta situación, eliminamos toda posibilidad de aprender de la crisis. Tenemos que culpar a quien corresponde, para dar una lección a nuestras élites políticas. De lo contrario, harán todavía más daño en años venideros".